De la expropiación personal al empoderamiento, la ética de la compasión

Preámbulo

En la entrada anterior de mi blog (si no la ha leído, puede acceder a ella haciendo clic aquí) daba mi opinión sobre los valores que guían nuestra vida individual y social actualmente. Me enfocaba en la manera en la que hemos reaccionado a la pandemia ocasionada por la dispersión y contagio exponencial del COVID-19. En dicho texto argumenté cómo las personas terminan siendo expropiadas, término que tomé del texto de Adela Cortina (2007) en donde asegura que cuando alguien se expropia ha perdido el dominio de sí mismo y ya no es dueño de su vida, sus acciones y ya no es libre. En otras palabras se convierte en un esclavo.
Después de eso, escribí sobre 9 valores de la sociedad actual, usando el término sociedad con ligereza, porque cada uno de esos valores es un atentado contra lo que realmente es la sociedad. Por esta vez hablaré de lo contrario a la expropiación, el empoderamiento. No a ese término abusado y prostituido, que todos usan para "darse poder" sino uno que está relacionado con hacer a la persona dueña de su vida.

El empoderamiento

Sí, empoderamiento viene del inglés empowerment, que significa literalmente dar poder. Podríamos quedarnos allí y hablar de grupos menos favorecidos que necesitan acceso al poder. Pero si revisamos el Diccionario de la Real Academia Española descubriremos que el término es tan corriente en nuestro idioma. Aquí lo vamos a entender así "empoderar a una persona es intentar dar poder a sus capacidades para que pueda llevar adelante los planes de vida que persigue" (Cortina, 2007). Muy diferente al inglés, ¿no es así?
Por eso cuando queremos rescatar a la persona, no solamente hay que trabajar para que se le respete su dignidad, sino que hay que empoderar también sus capacidades. A nosotros, los expropiados, no nos hace falta que se reconozca nuestra dignidad y que esta sirva como un límite de las cosas que se nos pueden hacer, no hace falta que no solo no se violen nuestros derechos. Es necesario que la política, la economía, la educación, etc. traten de empoderar a las gentes y no solo se dediquen a decir en dónde están los límites (Cortina, 2007).
Tenemos que aspirar a que todas las personas sean artífices de su propia vida, como decir autores de su novela, protagonistas de su película. Esto ocurrirá solamente si descubrimos que vivimos en un mundo de seres humanos interdependientes, jamás independientes (mucho menos dependientes). Es que de verdad, no somos autosuficientes. Así pues, deberíamos de trabajar en la construcción de lazos, que tiene que ver con la forma en la que nos inscribimos dentro de la sociedad.
Una vida empoderada trae consigo un factor felicitante, como fin último se alcanza lo que muchos buscamos la felicidad.

Los valores del empoderamiento

No es que tenga una facinación con los números, pero aquí presento 10 valores que se contraponen a los valores de la sociedad actual, que tienen como finalidad (desde mi opinión) ordenar y empoderar la vida de las personas.
  1. Meso y largo placismo. Es que las personas necesitamos aprender a fomentar proyectos a medio y largo plazo que exijan compromiso de nuestras diferentes capacidades. Un negocio, una profesión, una relación. Aprendamos que aquellas actividades que exigen la mayor cantidad de facultades a poner en juego son las que más se disfrutan. No se trata solo de montarse en una bicicleta e ir a pedalear, sin las habilidades necesarias nunca harás ciclismo de montaña. Estoy seguro que es más felicitante ir con tus amigos a hacer ciclismo a un bosque a darle vueltas a la cuadra de una ciudad contaminada o peor aún a estar en una estacionaria viendo la televisión.
  2. El individualismo es falso, no hay individuos aislados. A esto Cortina (2007) le llama libertad positiva y no hace referencia al perímetro en el que yo actúo sin que nadie interfiera, sino que es la libertad de la participación en la vida común. Ser libre es tener derecho a participar, poder participar nos da autonomía, una relación en la que no hay dominio de unos sobre los otros.
  3. La ciudadanía del consumidor. Ya dije que cada quien debería de hacer su propia vida, como consecuencia también debe consumir los productos del mercado. ¿Qué tal si en lugar de ponerse al servicio de la mercancía se sirve de ellas para apropiarse de sus mejores posibilidades de vida? Por eso hay que propiciar el comercio justo, el consumo libre, justo responsable y felicitante de las cosas.
  4. No se debe exigir ningún derecho que uno no esté dispuesto a exigir para todos los demás. Como diría Kant "obra de tal manera que quieras que la máxima de tu acción se convierta en ley universal", quien desee exigir un derecho, debe estar dispuesto a exigirlo universalmente. Si pides un derecho para ti, pídelo para los demás y nunca reclames un derecho en el que no estés dispuesto a sumir tu cuota de responsabilidad.
  5. Diseñar alternativas. No se puede seguir haciendo lo mismo y esperar que no hayan consecuencias. Para todo hay una alternativa, para los negocios, la diversión, el trabajo, la educación. Todo puede ser diferente si estás dispuesto a lograrlo.
  6. Recuperar la interioridad. Hay que recuperar la capacidad de reflexionar y con ella la capacidad de hacer. Porque actuamos por inercia, a donde el peso de las situaciones nos lleva. Pero, ¿realmente somos felices o no? Actuar de una manera mecánica sin pensar en las consecuencias, sin sopesar el impacto de nuestras acciones solo demuestra que hemos sido irreflexivos y superficiales.
  7. La autoestima es un valor, no un estado emocional. Es un bien que cualquier persona necesita para llevar adelante su vida. Aclaro, no se trata de demostrar superioridad frente a los demás, sino que mostrarse como una persona integrada, capaz de vivir en sociedad, sin necesidad de pasar sobre los otros como en la competitividad.
  8. Somos seres sociales. Los guatemaltecos debemos pasar de ser un pueblo gregario a uno social. El que es social puede reunirse con las personas y deliberar con ellas lo que es justo o injusto. La casa, la comunidad doméstica, la comunidad política, son grupos de personas en donde se debería debatir la pertinencia o no de los actos. No espacios para ser igual a los demás.
  9. Desmoronar la falsa convicción de que los que rompen las reglas lo pasan mejor que los que las respetan. Este es un clásico en muchas sociedades, en las latinoamericanas es todavía peor. Se coloca como un ideal al narcotraficante, al político corrupto, al estafador, en fin a todo aquel que es lo suficientemente vivo como para poder sacar provecho de los demás. Vivimos en una sociedad de "creencias increíbles" (Cortina, 2007), de creencias carentes be base sólida, pero como funcionan en la vida cotidiana, nos parecen aceptables. Vemos que estos delincuentes tienen buenas casas, autos modernos, propiedades, dinero, gastan, etc. pero a la larga, ¿qué de todo eso es real?
  10. Reforzar el vínculo con los demás y con uno mismo. No sabría decir a ciencia cierta qué nos hace humanos. Pero estoy seguro de que los humanos somos personas porque nos reconocemos como personas. Persona en el sentido profundo de la palabra, no somos individuos abstractos, existimos como personas dentro de la sociedad, porque así nos reconocen los otros y porque así reconocemos nosotros a los demás. Una sociedad que funciona no lo hace sobre el individuo, sino que lo hace reconociendo a la persona. Porque todos nacemos vinculados a los demás y cuando el vínculo se rompe, sufrimos.
Al final, necesitamos una cultura de vínculo, de las obligaciones, una cultura de la compasión, ¿cuántas cosas se podrían evitar si viviéramos de esa manera? Si nos sintiéramos vinculados, seríamos responsables de cuidar la cuarentena, ¿porque es obligación mandada por el gobierno? No, porque nos sentimos obligados a cuidar de los demás, no solo de nosotros mismos. ¿Seríamos indiferentes frente a los decesos ocasionados por el COVID-19? No, porque seríamos compasivos, sabríamos valorar una vida y lo que significa para la persona y su familia. No nos veríamos como parte de la población que podría enfermar y no morir, y al mismo tiempo desentendernos de aquellos que fallecerían como consecuencia de infectarse.
¿Compartiríamos noticias falsas? ¿Favoreceríamos la especulación? ¿Tendríamos delirios de grandeza y buscaríamos oportunidades para llamar la atención? Estoy seguro de que si fuésemos compasivos, de que sintiéramos obligación con los demás y estuviéramos vinculados a nuestra sociedad, responderíamos a todo esto NO.

Referencia consultada: 

Cortina, A. (2007). Jóvenes, valores y sociedad siglo XXI. Proyecto(63), 27-38.

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